Hay momentos del año en los que la naturaleza nos regala algo extraordinario. En Extremadura, uno de esos momentos llega con el otoño, cuando las encinas comienzan a dejar caer sus bellotas y la dehesa se prepara para uno de sus ciclos más importantes: la montanera.
En Monesterio, al sur de la provincia de Badajoz, conocemos bien el valor de esta época. Aquí, donde la dehesa forma parte de nuestra identidad, la montanera representa mucho más que la alimentación del cerdo ibérico. Es naturaleza, tradición y el comienzo de una historia que, años después, podremos saborear en una loncha de jamón ibérico de bellota.
¿Qué es la montanera y por qué es tan importante?
La montanera es la última etapa de cría y engorde de los cerdos ibéricos destinados a la elaboración de productos de bellota.
Se desarrolla durante los meses de otoño e invierno, cuando los animales aprovechan los recursos naturales de la dehesa, principalmente las bellotas y los pastos.
Durante este periodo, los cerdos ibéricos recorren libremente el campo en busca de alimento. Este ejercicio diario, unido a una alimentación natural, contribuye a desarrollar las características de la carne y de su grasa, fundamentales para la calidad del futuro jamón.
Según la normativa de calidad del ibérico, la entrada de los animales en montanera debe realizarse entre el 1 de octubre y el 15 de diciembre, y su duración debe superar los 60 días.
Monesterio: una tierra privilegiada para el ibérico
Hablar de montanera es hablar de Extremadura. Y hablar de jamón ibérico es hablar inevitablemente de Monesterio, un pueblo estrechamente vinculado a la tradición del cerdo ibérico.
Situado en la comarca de Tentudía, al sur de Badajoz, Monesterio está rodeado de un paisaje característico de encinas, alcornoques y extensas dehesas.
Este entorno constituye uno de los grandes patrimonios naturales de nuestra tierra. Un paisaje que no solo proporciona alimento a los animales, sino que también representa siglos de aprovechamiento responsable de los recursos naturales.
Aquí, la dehesa no es simplemente un lugar. Es parte de nuestra historia, de nuestra economía y de nuestra forma de entender la vida.
La bellota: un pequeño fruto con un enorme valor
Uno de los grandes protagonistas de la montanera es, sin duda, la bellota.
Este fruto, procedente principalmente de encinas y alcornoques, tiene una composición rica en grasas, entre las que destaca el ácido oleico, presente también en el aceite de oliva.
La alimentación a base de bellotas, junto con las características genéticas del cerdo ibérico y su actividad física, favorece la calidad de la grasa y contribuye a desarrollar los aromas, la jugosidad y los matices que apreciamos en el jamón ibérico de bellota.
Pero no todas las montaneras son iguales. La cantidad de bellotas disponible depende de factores naturales, como las lluvias y las condiciones climáticas de cada año.
Por eso, la naturaleza sigue siendo una pieza fundamental en este proceso.
El tiempo, la naturaleza y la tradición
En un mundo donde casi todo parece suceder deprisa, la montanera nos recuerda que las cosas extraordinarias necesitan su tiempo.
El cerdo ibérico sigue el ritmo de las estaciones. Las encinas ofrecen sus frutos cuando llega el momento. Y el ganadero acompaña y supervisa este proceso, respetando las necesidades de los animales y la capacidad de la dehesa.
Después llegará otra etapa igualmente importante: la elaboración y la lenta curación del jamón en bodega.
Porque un gran jamón no nace de un único proceso, sino de la unión de muchos factores: la raza, la alimentación, el entorno, la experiencia y, sobre todo, el tiempo.
Victoriano Contreras: tradición ibérica desde Monesterio
En Victoriano Contreras sentimos un profundo respeto por nuestra tierra y por la cultura del jamón ibérico.
Desde Monesterio, mantenemos nuestro compromiso con la tradición, el cuidado de nuestras elaboraciones y el valor de los procesos que hacen del ibérico uno de los grandes tesoros gastronómicos de Extremadura.
Sabemos que detrás de cada pieza hay una historia que comienza mucho antes de llegar a nuestras bodegas.
Una historia de encinas centenarias, bellotas, dehesas y generaciones que han aprendido a valorar lo que ofrece nuestra tierra.
El sabor de Extremadura comienza en la dehesa
La próxima vez que disfrutes de una loncha de jamón ibérico de bellota, piensa por un instante en todo lo que hay detrás.
Imagina el paisaje de la dehesa extremeña, el sonido de las bellotas cayendo bajo las encinas y los animales recorriendo libremente el campo.
Porque el jamón ibérico de bellota es mucho más que un alimento. Es el resultado de una relación extraordinaria entre la naturaleza, el tiempo y la tradición.
Y aquí, en Monesterio, tenemos el privilegio de formar parte de esa historia.
Victoriano Contreras. El sabor de nuestra tierra desde el año 1920, el valor de nuestra tradición.
